El Museo Etnográfico de Artziniega nos abre las puertas a un pasado mágico

Cada vez que abro la puerta de la antigua escuela y veo los pupitres de madera y de banco corrido, los tinteros con sus plumas como recién estrenadas, los libros de caligrafía y las labores de punto de cruz, pienso: “jamás me cansaré de venir a este lugar”. Pasar por la antigua botica y rebotica me evoca olores a romero, tomillo y ungüentos varios. La barbería me hace siempre sonreír, me resulta curiosa y simpática, y ya no te digo la tienda, donde mis ojos siempre reparan en el antiguo dispensador de aceite, las maxi latas de sardinas en escabeche, y los sujetadores y fajas que evocan tiempos donde el erotismo se entendía de otra manera.

aulas

La antigua tienda de Artziniega era el lugar donde uno iba a comprar casi cualquier cosa. Mientras los hombres jugaban a las cartas y se tomaban una gaseosa Gorbea, las mujeres compraban alubias a granel, y unas ligas para evitar que las medias cayeran tanto al suelo y enseñaran la parte poco decorosa de las piernas. Siempre se respiraba muy buen ambiente en ese lugar. Mientras tanto, en la herrería y en la fragua el trabajo era incesante, y pasar por el lagar se hacía a veces desagradable por el olor que desprendía, aunque decían los mayores que ¡un buen txikito de vino sabía a gloria!. Cuando uno se acercaba a la tienda de la modista, siempre escuchaba de fondo la Singer consiéndo sin parar, y por la puerta entre abierta, se podían ver a la clientas probándose vestidos hechos a medida, o su bonito y espectacular vestido de novia de un negro azabache intenso con encajes o pedrerías, que hacían soñar a las más solteronas del lugar. Había tantos lugares mágicos en Artziniega…

Antiguo cruce de rutas comerciales, la localidad de Artziniega ha tenido un ilustre pasado del que da fe las numerosas casas-torre y los 47 escudos de armas de sus fachadas. Es una localidad medieval con su calle de Arriba, calle de Abajo y calle de En medio. Tiene una extensión de 28,5 kilómetros cuadrados, y una población de 1.900 habitantes que se triplica en época estival. Se encuentra enclavada en pleno corazón del Valle de Ayala, y a 20 minutos de Bilbao. Si Artziniega es conocida por algo, además de por las riquísimas rosquillas que elaboran las monjas de clausura Agustinas, es por sus tres museos: Taller-Museo Santxotena, Museo de Arte Sacro y su Museo Etnográfico.

taller

Sin desmerecer al resto, el Museo Etnográfico de Artziniega es la joya  de la corona. La Sociedad Etnográfica Artea, gestora del museo, y compuesta por artistas y amantes de la historia, han hecho posible que esas sensaciones que vivieron nuestros abuelos y abuelas, que esos rincones por lo que muchos pasearon, o por los que algunos jamás tuvimos ocasión de transitar, se hayan recreado y se puedan disfrutar en 1.700 metros cuadrados.

Se fundó en 1984, pero fue ampliado en 2004 y se eligió el antiguo pero vetusto colegio local de chicas. Desde entonces, sus dos plantas han ido acogiendo todos los rincones historicos de Artziniega al completo y con todo lujo de detalles: la antigua farmacia, la casa consistorial, la tienda, la fragua, el lagar, el oficio de zapatero y alpargatero, los útiles de labranza, las habitaciones propias de las casas de antaño… cualquier rincón de esta localidad está allí. A esto hay que añadir otros 2.000 metros cuadrados en su exterior, donde se emplaza una galería que acoge exposiciones temporales, y un anfiteatro al aire libre donde se celebran representaciones culturales como la fiesta de San Juan.

Volver una vez más al Museo Etnográfico de Artziniega ha sido como volver a casa por Navidad. Siempre me acogen con los brazos abiertos, y yo les tengo un especial cariño. Esta vez mi visita ha sido de lo más gastronómica. He podido ver y aprender el horneado de pan a la manera tradicional, probar un preñadito y llevarme a casa una rica morcilla y chorizo de la txarriboda o matanza que celebran anualmente en el mismo museo. Agradecida por el sabroso regalo, me despido hasta pronto.

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2 pensamientos en “El Museo Etnográfico de Artziniega nos abre las puertas a un pasado mágico

  1. El Museo Etnográfico de Artziniega es en sí mismo una joyita y yo diría que de obligada visita para que los más jóvenes descubran cómo vivían, cómo vestían, cómo jugaban sus aitites y también, en más de un caso, hasta sus aitas. Pero desde aquí quiero resaltar el trabajo esforzado, anónimo, que durante dos décadas han llevado un puñado de hombres y de mujeres para que el Museo sea hoy lo que es y que continúan con ese esfuerzo para mejorarlo en lo posible. Para mí, ese es el gran valor del Museo Etnográfico de Artziniega.

    Un fuerte abrazo!

    • Totalmente de acuerdo contigo José Luis. En pocos lugares se verá trabajo tan desinteresado y con tan espectacular resultado como en este. Un lugar inspirador… ¿Quizás para la próxima novela…? :-) Gracias por asomarte a esta ventana y por tu comentario. Espero que te haya gustado. ¡Un abrazo fuerte!

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