Ahí está tu auditorio, ¡disfrútalo!

“Para que diría yo que si”, “en menudo jaleo me he metido y que mal rato estoy pasando”, “pero mira que caras más serias tienen todos”, “madre mía como me quede en blanco…”, “y como me trabe explicando ese concepto que no tengo muy claro…”, “la corbata me está agobiando, seguro que se dan cuenta”, “y si me preguntan algo y no sé que contestar” ¿Te suenan de algo estos pensamientos?. Pues que sepas que es normal.

Llevo muchos años exponiéndome al público, hablando en público tanto detrás del micrófono como en teatros o en cualquier otro foro, incluso en las bodas de todas mis amigas, y te aseguro que, el día que no te pongas nervioso, tendrás que empezar a preocuparte. ¿No has oído hablar de las mariposas en el estómago?. Pues ocúpate de sentirlas siempre que te enfrentes a un auditorio.

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En mi opinión, aprender a hablar en público tiene un alto componente de control psicológico. Hay que ser generoso con uno mismo, y tener una buena dosis de auto confianza. El principal enemigo de una exposición en público es lo que yo llamo “el doble pensamiento”: Pensar en lo que tienes que decir, y a la vez auto juzgar cómo crees que lo estás haciendo, y qué estarán pensando los que te escuchan. ¿Un jaleo no?. Pues pon a raya tu mente y concéntrate en lo que estás diciendo, en el presente, en el momento, y ya verás como el 50% de los miedos que te generan exponerte al público desaparecen. Tacha de tu lista de entrometidos el “y si” que no ayuda en nada y, a pesar de lo que otros te puedan decir, vete siempre con lo que vas a exponer preparado. Huye de quienes dicen que hay que improvisar, dándoselas de expertos oradores. Un buen orador se prepara su “speech”, y si durante el mismo te ves con la confianza suficiente como para improvisar, ¡adelante! ¡prueba!. No generes angustia innecesarias no preparando tu intervención.

“Speaker confiado, exito asegurado”

Escúchate mientras hablas y habla a tu ritmo, de manera que puedas tomar aire con tranquilidad. Es normal que hablemos rápido cuando estamos nerviosos, pero no permitas que esto afecte a tu discurso. Tómate tu tiempo, quien ha ido a verte o a escucharte no tiene prisa, sabrá esperar a que tomes un vaso de agua, o a que hagas una pausa para respirar profundamente.

Esto de hablar en público es una cuestión de prueba y error, de tener la valentía de arriesgarte y a veces ganar, y otras veces perder. Te recomiendo que en algún momento de tu intervención, pases el testigo a quienes te escuchan, es decir, que les propongas una pregunta, un ejercicio, un momento simpático o reflexivo, para quitarte durante unos minutos la responsabilidad del discurso, y para que ellos se impliquen y se sientan parte del evento. Escucha al público. No te empecines en soltar todo lo que llevabas preparado y termines aburriendo al personal. Escucha la vuelta que te da en forma de silencios, comentarios, aplausos…

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Es normal que empieces sintiéndote vulnerable y temeroso en todos los escenarios, pero ya verás como terminarás disfrutando en alguno de ellos, y eso créeme, es un gran avance. Yo reconozco que disfruto más cuando me dirijo a un público numeroso, y tengo más mariposas en el estómago cuando el aforo es pequeño. En este caso, si el auditorio no es muy grande, te recomiendo que te acerques y des la mano a tus oyentes, uno por uno, en señal de bienvenida. Es un acto de cortesía que a ti te va a ayudar a romper esa barrera física-psicológica. Si el aforo es grande, echa un vistazo a tus escuchantes, y después, puedes poner la mirada en el horizonte y centrarte en lo que dices, o si has visto alguna cara que te haga sentir tranquilo, puedes recurrir a ella de vez en cuando. Además, te recomiendo ser lo más natural posible, sin faltar a la educación ni al decoro. No es una circunstancia cómoda para que uno tenga encima que obligarse a ser lo que no es.

Por último, acuérdate siempre de lo que te voy a decir. Días antes, horas antes, minutos antes de enfrentarte al público, y a poder ser en cualquier circunstancia de la vida, piensa en positivo: “va a salir bien”, “lo tengo bien preparado y me siento seguro”, “voy a disfrutar entreteniendo, informando, contando… a mi público”. Con el tiempo conseguirás llevar el discurso preparado y a la vez improvisar cuando veas que el público está predispuesto, ser capaz de interaccionar con ellos, sentir que dominas la situación, y además… ¡disfrutar de hablar en público y quedarte con ganas de más!.

(*) Espero tus opiniones y comentarios con mucho gusto. Aporta todo lo que quieras, así aprendemos todos. Comparte las técnicas que tu utilizas habitualmente, las que te dan buenos resultados. Prometo volver sobre este tema porque, hablar en público, es mucho más que lo que os he contado hoy. 

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Un pensamiento en “Ahí está tu auditorio, ¡disfrútalo!

  1. Estupendos y válidos consejos, Iratxe. Comparto todo lo que apuntas y, si tuviera que dar un consejo a alguien que nunca se ha enfrentado a la “maravillosa encerrona” de enfrentarse a un público, le diría que, ante todo y sobre todo, conozca muy bien la materia sobra la que va a hablar. Tras esto, todo lo que sugieres y aconsejas, es perfecto.

    Un fuerte abrazo!

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